un pasaje a través del pirineo oriental

Un pasaje a través del Pirineo Oriental.

La historia en la ruta Líster-Fittko-Benjamin.

Una interpretación estética.

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Fotolibro

Tres tomos: Tomo I texto · Tomo II fotografías · Tomo III archivo · Film

290 págs.

Autoedición

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 Introducción

Un contexto

En los años de la Francia ocupada por el régimen nazi, entre la resistencia ubicada al sur del país se oía hablar con frecuencia de la ruta F, un sendero clandestino que cruzaba la frontera franco-española por el Pirineo Oriental y cuya inicial se debía al apellido de quién hasta tres veces por semana pasaba refugiados con la intención de salvarlos de la Gestapo, la mujer que realizaba esta tarea se llamaba Lisa Fittko. Esta historia habría pasado al olvido si no hubiese sido por la insistencia de algunos intelectuales judíos en la diáspora para que Lisa Fittko escribiera sobre las vicisitudes de su marcha junto a Walter Benjamin y le contara al mundo los momentos previos a la muerte del filósofo alemán en Portbou, el primer pueblo español después de cruzar la frontera. Lisa Fittko escribió primero una carta que luego devino en el octavo capítulo de su libro “Mi travesía de los Pirineos. Evocaciones 1940/41” y que yo cito directa e íntegramente para establecer una conversación que va desde la sincronía de mi obra como registro en tiempo presente y el eco diacrónico de la historia que aún resuena en el paisaje.

Walter Benjamin además de su trabajo como pensador y escritor, de alguna forma se destacó como un investigador a raíz de sus profusas citaciones, técnica que incluso llegó a su más exquisita forma en el Libro de los Pasajes, trabajo sobre la ciudad de Paris del siglo XIX a través de materiales extraídos de textos y documentos ajenos que Benjamin encontró entre los libros de su biblioteca personal y en la biblioteca pública de la capital francesa. Esto funciona como un trabajo de composición teórica que otorga al lector una gran libertad interpretativa y donde los materiales escritos por otras manos, con diferente intención y funcionalidad, dan una profundidad histórica transversal al ensayo, también una luminosidad poética. Esta metodología abierta es utilizada de manera que la linealidad se quiebre y se transforme en una obra poliédrica a la cuál se puede acceder desde distintos puntos, y en distintas épocas encontrando un texto que se transfigura desde su creación hilvanado al tiempo presente adecuándose a su constante devenir, y de manera humilde pero determinada este trabajo que presento se adscribe a esa filosofía.

Una metodología

Este ensayo carece de una retórica académica -también de hipótesis y discursos concluyentes-, al menos de forma explícita, porque a pesar de tratarse de apuntes y materiales surgidos de la investigación sobre los hechos narrados por Lisa Fittko, esta tesis nace desde mi propia experiencia de sumersión en la ruta, en el paisaje y en el eco de la historia que aún resuena, allá afuera. Deliberadamente he evitado edificar una estructura narrativa rígida, puesto que me parece la manera más coherente de trabajar en torno a la figura de Walter Benjamin, ya que precisamente su gran aporte formal fue proponer sistemas discursivos no autoritarios. No es inusual que los autores que se enfrenten a la obra del filósofo sientan la necesidad de replantearse formalmente la manera de transmitir sus ideas, obligados a adecuar el continente al contenido. Por ejemplo Terry Eagleton (1998, p.15) explica su proceso de adaptación de esta manera: “Pues incluso allí donde parezco estar ‘explicando’ el pensamiento de Benjamin(…), más bien intento maltratarlos (sus textos) para mis propios fines, expulsarlos violentamente de la continuidad de la historia de una forma que creo él habría aprobado”.

Creo pertinente además referirme al hecho de que cada capítulo de esta primera parte teórica aborda cuestiones que podrían interpretarse como ajenas a la labor del artista, puesto que el ensayo posee abundantes datos, citas y reflexiones históricas, bosquejos filosóficos, incluso hay esbozados en este sencillos aforismos, y omito conscientemente, cualquier alusión directa a la investigación estética que ha acompañado todo el proceso. Todo esto tiene una razón y se corresponde con la tesis (tácita) que esta obra plantea como conjunto y que podría explicarse a través de las siguientes preguntas: ¿Cómo puedo aprehender el pasado (histórico) en la ruta Líster-Fittko-Benjamin?; ¿Es posible traer el pasado al presente?; ¿Se puede representar el pasado?; ¿Puedo modificar la historia?.

Ciertamente que abrir caminos conlleva riesgos, pero esta humilde tentativa sobre la ruta Líster-Fittko-Benjamin no es ni mucho menos pionera. La historia se ha transformado en un tema recurrente en los discursos artísticos contemporáneos, el artista-historiador es una figura frecuente, la confusión entre el rol artístico y el rol de historiador ha sido impulsado claramente por la recuperación de las tesis sobre la historia de Walter Benjamin, también por su manera poética de filosofar sobre ella, decir por ejemplo que “la historia se descompone en imágenes, no en historias” (Benjamin, 2007, p.478) abre todo un campo de investigación artística y arrebata de paso la autoridad exclusiva a los historiadores para entregársela a los estudiosos de la cultura, a los artistas, a los científicos de lo social. El desafío entusiasma, pero las preguntas que surgen son muchas y difíciles de abordar: “cómo se escribe la historia, quién la escribe, de qué modo, con qué fines, de quién es, a quién pertenece o beneficia, a quién olvida…y sobre todo cómo es posible elaborar una historia diferente, alejada de los modos tradicionales en que ésta se ha escrito y transmitido” (Hernández-Navarro, 2012, p.9).

Justamente en ese aparente y parcial enajenamiento de la función artística, habita el espíritu que me ha inspirado como creador e investigador artístico: entender el arte como una práctica híbrida, contaminada por todas las corrientes del pensamiento que constituyen lo que entendemos por cultura, y que por su condición heurística inherente tiene la misión de ensayar nuevas formas en que el conocimiento sensible sea trasmitido.

Una estructura

Las ideas respecto a cada lenguaje –ensayístico, fotográfico y cinematográfico- están circunscritos a su propia gramática para que de esta forma el diálogo entre ellos se presente de manera más abierta y más horizontal, abriendo paso a operaciones alegóricas y a asociaciones poéticas. Todos los lenguajes utilizados son autónomos, de su relación como unidades que son salen enriquecidos. La intención de separar el trabajo en tres partes -I, II, III-, y que cada uno contenga treinta capítulos nítidamente señalados, sirve para que las relaciones directas e indirectas permitan que los materiales documentales se transformen, que las fotografías adquieran densidad, que la pieza cinematográfica encuentre un equilibrio entre su forma y el fondo teórico. Este trabajo supone un fuerte compromiso con lo real, por esta razón todos los antecedentes mencionados en la primera parte teórica, funcionan también como pautas de comportamiento estético. Las claves de mi investigación estética se encuentran allí.

La técnica

Cada alusión en la sección teórica al pensamiento de Walter Benjamin funciona también como una directriz que apunta el resultado formal. Este obra en si pretende funcionar en las correspondencias internas entre las partes, el propósito inicial era no hacerlo tan explícito como para permitirle a quien se enfrente a la obra, hacer las asociaciones que considere pertinente con libertad. Por esta razón aquí sólo mencionaré las tres más evidentes.

La obsolescencia, por ejemplo, que es lo contrario a lo nuevo, la aplico en las imágenes a través del uso de técnicas obsoletas, como el material fotoquímico -negativo 120 mm y película 16mm-, las cámaras de segunda mano y la exposición de película caducada, porque me interesa vincular las obras a la idea benjaminiana de que la obsolescencia es un desecho del progreso y las técnicas pasadas al dejar de ser novedad, recién en ese momento, pueden descargar sus atributos sin la urgencia que ejerce el mercado sobre las nuevas tecnologías. Preguntarse sobre la tecnología en el arte me parece que es un gesto político de primer orden, sobretodo en lenguajes que ocupan un espacio donde el arte y la industria colindan. Al mismo tiempo, y las modas contemporáneas tienen mucho que decir al respecto, el estudio sobre la obsolescencia nos advierte sobre la fetichización de lo antiguo, lo vintage ha modificando el valor de la técnica, proponiendo quizás una idea del aura distinta a la idea original que nos propuso Walter Benjamin en su ensayo “La obra de arte en la época de reproductibilidad técnica”, pero no por eso menos cierta.

Respecto al tema del aura, a esa capacidad que menciona el filósofo alemán, de que la obra nos devuelva la mirada que le arrojamos como espectadores, se corresponde más –y sobretodo esto ocurre con la fotografía y el cine documental- en la concomitancia con la mirada del artista que con las atribuciones de lo objetual, ya que el artista al fotografiar el mundo inevitablemente deja constancia de un emplazamiento, de una distancia y de un vínculo que apela a los espectadores, es la sombra del artista que se proyecta. El eje desde donde se hicieron las imágenes -fotográficas y cinematográficas-, la altura, el objetivo que se utilizó, coinciden con el ángulo de visión humana -80mm en formato 120mm, 25mm para el 16mm-, son una suerte de apunte de mi existencia, un testimonio.

La imagen dialéctica, como investigación benjaminiana, ciertamente que ha inspirado este trabajo, recoger las imágenes (u objetos) que no encarnan precisamente el progreso, el avance y el porvenir -más bien todo lo contrario- ha sido de alguna manera lo que ha motivado la creación de las treinta imágenes que aquí presento y de la pieza documental-experimental que cierra la obra. La historia de la ruta Líster-Fittko-Benjamin en sí misma es un pequeño y localizado desmoronamiento del proyecto llamado progreso; el rescate de aquella historia que se mantiene en silencio implica erigirse en oposición; la redirección que se hace aquí de ella contiene de alguna forma ese espíritu antitético, crítico, insurrecto que el arte lleva, o debería llevar, como estandarte.

La experiencia

Los límites entre arte y documento se han emborronado, por la propia posibilidad –improbable- de representar un paisaje, una historia, una experiencia. El andar, el re-hacer un camino por la historia, buscando el genio del lugar, persiguiendo la sombra del Angelus Novus, llevó a que me sumergiera en la inmensidad de aquellas dos jornadas de finales de septiembre de 1940, que modificaron para siempre el paisaje que rodea aquella huella transfronteriza del Pirineo. Las secuelas de aquella experiencia, a veces frustrante aunque la mayoría de las veces reconfortante, su inaprensibilidad me dejó muchas preguntas –que se ven reflejadas en el texto- y alguna que otra certeza: el andar como practica estética es también una práctica política.

Benjamin nos indica a través de su estudio de la experiencia que “la banalidad es el correlato de la pobreza de la experiencia y el declive de la experiencia el reverso del enorme desarrollo alcanzado por la técnica”. Que el conocimiento sea más experiencial, más sensible y denso es la intención de este experimento, espero que esa voluntad se perciba en los surcos que lo atraviesan.